Queremos mantener la tradición editorial
de la UIA Laguna, esto es, publicar aquello que dé cuenta
del quehacer universitario en el marco de referencia
pedagógica de nuestra universidad, cuidando tanto la calidad
de lo expresado como la edición, sea impresa o virtual.
Además debemos hacer eco de aquellas voces autorizadas que
exigen del editorialismo disposición para “dar la pelea por
el lector”. Lo que significa publicar lo que nutre y hacerlo
con cuidado y elegancia.
Seguimos lo escrito por Gabriel Zaid para darle mayor
contundencia a lo que deseamos exponer:
“… A nadie le gusta ser el
malo de la película, rechazando cosas. Menos aún tomarse el
trabajo de corregirlas, que toma mucho tiempo y puede
terminar en que el autor se ofenda, en vez de agradecerlo.
Ya no se diga exponerse a los peligros de la grilla. Y,
cuando no se va a dar la pelea, ¿qué caso tiene leer
exigentemente lo que se pretende publicar? Lo importante no
es defender al lector de la errata, el gazapo, la
ignorancia, la vacuidad, el abuso, sino cuidar el control
político y diplomático de tan difícil situación. Todos
quieren publicar, nadie leer, menos aún cuidar el interés
del lector. Lo pragmático no es poner el ojo en la calidad
de los textos, sino el oído en los nombres que suenan, el
olfato en los temas malolientes, de interés chismoso.
Hace ochenta años, Harold Ross inventó The New
Yorker y un concepto de periodismo que llamó
“literature of fact”, frente a la ficción y la poesía. Lo
literario no se limita a los géneros consabidos. Puede darse
en cualquier texto maravillosamente escrito y bien
fundamentado, sobre lo que sea. Esto exige trabajo y valor
civil frente a los infinitos textos que se reciben. Requiere
no limitarse pasivamente a lo que llega, sino tomar la
iniciativa: buscar a los que tienen algo importante que
decir, pensar en el lector, en los temas y el nivel que
debería tomar la conversación. Requiere no publicar
reportajes ni comentarios que no hayan sido leídos
críticamente por dos o tres editores. Incluye hablar con el
autor, que así vive la experiencia (y se pone a la altura)
de la interlocución con lectores inteligentes y conocedores,
como los hay entre el público. No se limita a la corrección
de erratas, de estilo, de razonamiento: lleva a tener un
departamento de “fact checking”. ¿Es verdad que esta frase
está en Shakespeare, que Adís Abeba es la capital de
Etiopía, que Rembrandt murió en 1699, que Sofía Gubaidulina
vive en Alemania? Además, Ross personalmente escribía una
lista de observaciones sobre cada artículo (query sheet),
donde cuestionaba la exactitud, claridad, lógica, gramática,
elegancia o simple necesidad de una frase o adjetivo.
Hace medio siglo, cuando no había computadoras, ni
correo electrónico, un eminente autor extranjero podía
recibir observaciones semejantes de sus traductores y
editores en el Fondo de Cultura Económica, para mejorar el
libro publicado en México. Lo cual requiere conocimientos,
valor civil, mucho trabajo y, sobre todo, una actitud
opuesta al “Ahí se va”. Actitud justificada, no por lo que
ganaban (ni la décima parte de lo que pagaba The New
Yorker), sino por su amor al oficio, respeto a los
lectores exigentes y respeto a sí mismos.
Nunca es tarde para volver a respetar a los
lectores y subir el nivel de la vida pública, por el simple
recurso a la buena información, el buen juicio y el buen
gusto. Habría que empezar por lo mínimo: un departamento de
verificación de afirmaciones, para no publicar tantas cosas
infundadas, vacuas o francamente cómicas. Parece
insignificante, pero es algo cargado de significación. El
mensaje implícito daría un giro de 180 grados: no publicamos
basura.
Los grandes editores son lectores exigentes que
respetan al lector como a sí mismos”.
Asumimos lo expresado en el texto de Zaid como compromiso e insignia en lo que a la tarea editorial se refiere. La Coordinación de Difusión Editorial debe ser, en todo momento, ejemplo de calidad y compromiso con la misión educativa de la UIA Laguna.